De mayor quiero ser marinero

De mayor quiero ser marinero.
Quiero que la sal salpique mis venas,
y que las uves quemen mi pelo.
Jugar con palabras
y medrar con empeño
hasta desdeñar la suerte
de los amuletos.
Transportar sonetos,
bardos y duelos.
Desfacer entuertos
y llenar las bodegas
de triquiñuelas
y sarmientos.
Agarrarme a las estrellas
para llegar lo más lejos.
Quiero embarcar con gallinas,
paradojas y jilgueros.
Aturdir a las sirenas
con los ronquidos más despiertos.
Poner rumbo a Ítaca
y parar en mil puertos.
Tumbarme en las rocas
y plantar setas de veneno incierto.
Invocar al innombrable
y cantarle mil trabalenguas
que le provoquen locura
más allá del desierto.
Quiero soñar de lado
con las cartas de un guerrero.
Huir de la cueva profunda
y abandonar su silencio.
Robar el tridente a Poseidón
y peinarme con él los rizos
hasta que llegue el deshielo.
Quiero traficar con elegías,
églogas y sainetes.
Portar papiros tatuados de tinta china.
Comerciar con cortezas de abedul
marcadas con runas,
y con tejidos de lino cosidos
con un fino hilo de plata eterno.
Quiero ahogarme en canciones,
rituales y celebraciones.
Jugar con plumas
que no serán del ave del paraíso,
ni de avestruz, ni de cola de caimán.
Estarán hinchadas
de sangre de poeta muerto,
conjurando a mi parca
para que me dé un nuevo verbo.
Permitiéndome descubrir terrenos
sembrados de pronombres y vuelos.
Quiero acechar al sutil adjetivo,
provocar al potente adverbio.
Dibujar palabras en la orilla y vendérselas al viento.
Liberarme de los pesados grilletes de invierno
con mensajes secretos
solo visibles después de un beso.

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