Tengo tres... envidias
La verde, verde envidia.
Nadie tiene una envidia de un verde tan intenso como la mía. Es sencilla, ligera y delicada. Enseguida se desvanece. Etérea.
Un día me la quisieron comprar. Me ofrecieron una gran cantidad de dinero, 150 km de autovía y el secreto de una dentadura reluciente. Lo rechacé. La quiero sólo para mí.
La atlética. El deporte nacional.
La que todo el mundo practica. El rasgo más compartido por los españoles, aunque cueste reconocerlo. Ésta no me gusta tenerla. Se arropa del qué dirán, de los hermosos envoltorios vacíos. De las apariencias. Es fea, cargante, demasiado previsible. Y aunque se disfrace de sana, o de admiración, no deja de apuntalar las motivaciones ambiciosas de los infelices. Intento aprender a vivir con ella.
Y la mejor, mi favorita, la envidia cochina.
La que se invoca con el chincha rabiña. La de los niños en el patio del colegio por el boli de 4 colores del compañero. Ingenua. Primitiva. Me encanta.
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Comentarios
4s multicolor, depende de como amanezca el día.
insana, por la escasez de salud.
Y gorrina y sucia, aunque intento que no me corroa, me acompaña cada día.
Es un pecado capital, todo aquello inalcanzable o difícil de conseguir.
Yo pecadora....
Inconformista...
Y sin ápice de arrepentimiento.